Seremos los mismos cuando esto acabe..? Reflexiones desde el confinamiento (II)

Seremos los mismos cuando esto acabe..? Reflexiones desde el confinamiento (II)

«Covid-19», «pandemia»,»EPI’s», «PCR’s», «confinamiento», «Estado de Alarma», «distancia social», «Coronabonos», «Índice VIX«, «Hidroxicloroquina»…, todas parecen palabras sacadas de una peli de Star Trek y sin embargo muchas de ellas las hemos aprendido en este mes de marzo. La semana pasada en otro post que colgué, mi amiga Laura preguntó. «Seremos los mismos cuando pase esto y la verdad, sólo pude añadir un «hi serem» (seguiremos estando) que casi es como no contestar nada. Sí y no. Que este coronavirus  nos ha afectado a todos (para mal) no cabe duda. Hasta para Mercadona es un escenario no deseado por la tensión que sufren sus trabajadores y su cadena logística.

Además de lo negativo de la enfermedad, he visto una política alejada de las personas. Unos tipos -y tipas- que abanderaban un mensaje resultista y egocéntrico que para nada apela a la unidad y al sentido común. Y no sólo me refiero a este país.

Cierto es también, que la experiencia del confinamiento en una familia con cinco personas y un perro, saca notas positivas.

Tomás, nuestro hijo de seis años, tose y estornuda tapándose la boca con el codo derecho. Yo al principio ni llegaba y la gente me miraba como a un terrorista por poner la manita al estornudar. El pañuelo salvador nunca llegaba a tiempo, así que hacer medio corte de manga con la boca parece ser el último grito en asepsia o al menos lo socialmente correcto.

Nunca pensé que salir a la calle con Tana tuviera precisamente ese premio; salir a la calle (sin ser multado). Cuando caminas a cualquier hora, se oyen las conversaciones en el interior de las casas, la cantidad de gente asomada a la ventana, los gritos, la TV… un olor a campo inaudito, gracias a una ciudad libre de coches y motos (sin necesidad de las pegatinas de Colau). Hace poco escuché que algo similar había ocurrido en China, pero viendo las fotos en Bloomberg sobre el antes y el después en las emisiones de dióxido de nitrógeno, uno pediría unos -pocos- días más para ver si se cierra el agujero de ozono.

Con todo, el fenómeno social que nos mantiene unidos son los aplausos de las 20h. Desde esta semana, en plena calle Balmes sale un fulano-DJ al balcón y pone a todo meter el «viva la vida» de Coldplay. Una vez al día y durante cuatro minutos, el barrio resucita abriendo sus ventanas y activando la linterna del móvil. Una vez al día, y con permiso del virus, volvemos a ser vecinos como los de antes.

En qué más nos está cambiando nuestros hábitos? Nos lavamos las manos con deseo de tirar el bicho por el desagüe. Hemos hecho de nuestra casa un fortín donde el virus parece no estar a menos que venga de la calle. De todos los memes circulantes alguno pasa el filtro de la utilidad como aquel tutorial donde un cirujano enseña a lavarnos las manos. Hoy más que nunca nos puede ir la vida en ello.

Por teléfono mantenemos un espíritu crítico pero al mismo tiempo resiliente; vamos, que nos pueden obligar a confinarnos un mes más y no nos tiraremos por la ventana (yo menos, que vivo en un primero…).

Y los niños? Se acordarán de toda esta «feria»? Yo creo que sí. Lo recordarán como aquel fin de semana (viernes 13, por cierto) en que el tiempo se detuvo y la Play echaba humo a las siete de la tarde.

Los mayores lo deben haber vivido de manera diferente. Está siendo una prueba para sus vidas, un maldito virus que cuando menos te aísla de tus seres queridos. Lo de las residencias ya es otro cantar…

El confinamiento nos ha enseñado a pedirle menos al día, a agradecer nuestra buena suerte o a vernos insignificantes respecto a nuestro destino. Esta humildad probablemente será pasajera. El ser humano que conocemos en Facebook, Instagram o incluso en LinkedIn  seguirá abrazando su postureo y otros delirios de grandeza. Cuando todo esto pase y las nuevas generaciones pregunten «Coronaqué..?»,  siempre quedará un recuerdo de lo pequeñitos que esta pandemia nos hizo durante algunas semanas.

Quédate en casa.

CC