Éramos felices y no lo sabíamos. Reflexiones desde el confinamiento (I)

Éramos felices y no lo sabíamos. Reflexiones desde el confinamiento (I)

Esta mañana, hablando con un buen amigo, me ha soltado eso de «éramos felices y no lo sabíamos». Tras vacilar seis segundos, le he dado toda la razón. Tras algo más de una semana de confinamiento familar, empiezan a surgir las primera reflexiones.

Que este año está siendo convulso creo que no cabe duda. No sólo nos enfrentamos a un virus similar al de la gripe, tenemos delante el virus del miedo el cual se disemina a través de las ondas, de los whatsapp, de las Redes Sociales. Un virus que noquea Gobiernos e incluso pscotiza a los consumidores de papel higiénico. Un virus que separa abuelos de sus nietos con lo bien que hasta ahora le venían a nuestro Sistema Productivo. En las conversaciones telefónicas hay tortas para ser el primero en decir «y ya verás si esto continua…»

En esta serie de capítulos que hoy inicio, me propongo -y os propongo- plasmar en negro sobre blanco la sucesión de hechos cotidianos, sentimientos y reflexiones. No pretendo adoctrinar a nadie ni mucho menos en materia financiera. Se trata tan sólo de hacer diferentes «fotografias» de una misma situación motivada por el coronavirus.

Os aseguro que una de las sensaciones más intensas de la semana pasada fue precisamente ayer domingo. Me encontraba paseando a Tana y hacía un día gris y frío. Nadie en la calle, tan sólo los que paseamos perros ataviados con nuestros correspondientes EPI’s . Qué gran paradoja, tres tipos con mascarilla tirando de los correspondientes cánidos los cuales no paraban de olfatear el suelo y olerse entre sí. En mi deambular por el parque pensaba -como «emprendedor»-en la cantidad de personas que desde sus casas estarían diseñando un plan de trabajo para el corto plazo. Muchos de nosotros, tiene la cabeza ocupada en dos cosas: Qué hacer profesionalmente mientras dure el confinamiento y qué hacer cuando éste termine. El pensamiento me parece en sí mismo positivo, pues el tirón que probablemente daremos a la Vida en general y la Economía en particular hará que la Historia sencillamente vuelva a repetirse. Las personas nos sacamos las castañas de allá donde mejor creemos en cada momento y lugar. Y lo seguiremos haciendo aunque nos obliguen a permanecer en nuestras casas y salir sólo para lo indispensable.

En el barrio tenemos un/a «artista» que se encarga de poner mensajes grafiteros al lado del convento de Hermanas Mercedarias con un estilo que a las pobres monjitas no les debe hacer mucha gracia. En una pared blanca, agredida recurrentemente por su pintura acrílica se puede leer algo así: «No a la dictadura darwinista».

Oooole tú!! Querido/a gamberrete/a, supongo que lo dices porque este virus se ceba especialmente con los más mayores y las UCI’s, extraordinariamente saturadas, tienen que seguir (y priorizar) en estos momentos los protocolos de atención según el tipo de paciente. Yo te digo que hoy te exhibes como consecuencia de la adaptación que tus antepasados han llevado a cabo -y sufrido- por el paso de muuuchos siglos y epidemias más «heavies» como la mal llamada gripe española por la que palmaron no 50mil, sino casi 50 millones de personas hace tan sólo 100 años.. Adaptación o suerte, tú que crees..?

Me tocó un poco la moral y por eso, en un intento de descontaminarme del virus psicopático, me vine arriba aplaudiendo a las 20h a ritmo de la canción de Rozalen tan recurrente en estos momentos.

Hoy empezamos una semana nueva, con una nueva prórroga en esto del confinamiento pero con la determinación de seguir invirtiendo neuronas en nuestro futuro inmediato y no tan cercano. De momento, hoy los vecinos de mi edificio nos hemos saludado a través de un papel colgado en el ascensor. Como aquellos pueblos primitivos que se deseaban el bien pero no se atrevían a salir de la cueva.

Quédate en casa.

CC